martes, 13 de septiembre de 2016

II



Apoyado en un coche,  no sé a dónde ir. No quiero volver a casa, ni tampoco quiero deambular por las calles. Necesito una señal que me dicte el camino. Miraba hacia el puente de hierro, y el semáforo en rojo me deslumbra, me advierte. No es el camino acertado. Giro la cabeza en busca de otro tipo de indicación. Miro hacia tu calle, y otro semáforo también destellaba con sus luces rojas. Atrapado entre dos direcciones, sin posibilidad de decidir. Miro nuevamente  hacia el  semáforo de mi izquierda, y sigue rojo. No es la dirección. Vuelvo la cabeza hacia tu casa, y en ese instante, surge un color verde, intenso, como nunca había contemplado brillar en la oscuridad. Nunca una luz de paso, una señal en la vía, la había percibido como algo  hermoso, llena de vitalidad. Me otorga la respuesta: me indicaba la dirección a seguir… hacia ti, hacia tus rizos, tu sonrisa, y tus ganas de vivir. Nunca había tenido tan claro qué quiero de ti. Jamás había pensado qué es lo que debe poseer la persona con la que compartir mi vida (hasta que la tuve delante). Si me lo hubieran preguntado, antes de conocerte, no sabría la respuesta. Ahora, lo sé. Y, no estoy en posición de poder renunciar a ti. 

CTSCMS.

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