Apoyado en un coche, no sé a dónde ir. No quiero volver a casa, ni
tampoco quiero deambular por las calles. Necesito una señal que me dicte el
camino. Miraba hacia el puente de hierro, y el semáforo en rojo me deslumbra,
me advierte. No es el camino acertado. Giro la cabeza en busca de otro tipo de
indicación. Miro hacia tu calle, y otro semáforo también destellaba con sus
luces rojas. Atrapado entre dos direcciones, sin posibilidad de decidir. Miro
nuevamente hacia el semáforo de mi izquierda, y sigue rojo. No es
la dirección. Vuelvo la cabeza hacia tu casa, y en ese instante, surge un color
verde, intenso, como nunca había contemplado brillar en la oscuridad. Nunca una
luz de paso, una señal en la vía, la había percibido como algo hermoso, llena de vitalidad. Me otorga la
respuesta: me indicaba la dirección a seguir… hacia ti, hacia tus rizos, tu
sonrisa, y tus ganas de vivir. Nunca había tenido tan claro qué quiero de ti.
Jamás había pensado qué es lo que debe poseer la persona con la que compartir
mi vida (hasta que la tuve delante). Si me lo hubieran preguntado, antes de
conocerte, no sabría la respuesta. Ahora, lo sé. Y, no estoy en posición de
poder renunciar a ti.
CTSCMS.